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¿Psicología de la personalidad?

¿Psicología de la personalidad?

La personalidad es uno de esos conceptos ampliamente usados en el lenguaje cotidiano sin un significado preciso, dado que las explicaciones no son necesariamente excluyentes; si una explicación es correcta, las otras no necesariamente tienen que ser erróneas. Según algunos psicólogos especialistas en esta disciplina podríamos definirla como la organización dinámica y única de todas las características psicológicas de la persona que dan sentido a su comportamiento.

Autores como Palacios e Hidalgo (1990) hacen dos definiciones sobre la personalidad: una general y otra específica. La general hace referencia al “conjunto de rasgos psicológicos que caracteriza a una persona”. Mientras que la específica, hace referencia a los “aspectos o cualidades de la persona resultado de la esfera emocional, afectiva y social”.

 

Desde los primeros años de la infancia comienza a formarse la personalidad del individuo, siendo muy importante la genética y el ambiente en el que se desarrolla. Los rasgos influenciados por la genética y el ambiente sentarán pilares básicos de la personalidad que irán modificándose a lo largo de los años. Si no existieran estos pilares básicos sobre los que sustentar futuras modificaciones, no existiría la identidad de cada individuo, no tendríamos pasado que nos influyese para bien o para mal, y cada día seríamos alguien nuevo.

Existen dos periodos fundamentales en los que se desarrolla la personalidad: la infancia y la adolescencia. La infancia se entiende que es el primer contacto del individuo con el entorno que creará su personalidad.  La adolescencia es el segundo periodo donde el individuo fijará en gran medida su personalidad, cambiando, quitando y poniendo características propias de ésta, con el fin de estabilizar la personalidad del individuo en un alto porcentaje.

 

            La psicología de la personalidad nos permite saber el comportamiento de la persona estudiada ante diversas situaciones en la vida, de tal forma que cada persona actuará en función de su personalidad.

 

            Uno de los objetivos de la psicología de la personalidad debería ser explicar de forma científica la personalidad de un individuo y cómo ésta afecta a su salud mental o

física, y a su comportamiento, de qué depende (genes, experiencias, situaciones) y en qué medida. Es una tesis ampliamente difundida la de que la personalidad no tiene otra realidad que la conceptual y es algo que se infiere a través de la conducta ya que no tiene existencia real.

 

Las primeras referencias que tenemos de la estructura y los procesos de la personalidad parten de concebir al ser humano como un todo compuesto por cuatro elementos estructurales que hacen referencia a la naturaleza: tierra, agua, aire, fuego. Estos elementos no son los más apropiados para describir la personalidad humana, por eso hoy día se sigue buscando otras unidades relacionadas con la conducta humana, que analizándolas individualmente puedan unificarse posteriormente en un todo organizado. Este estudio de las distintas unidades o niveles psicológicos de forma aislada puede estar descuidando información muy importante sobre su misma naturaleza. Sin embargo, esta demanda de integrar todos los datos psicológicos es lo que le otorga a la psicología de la personalidad su grandeza y su sumisión y, posiblemente, sea la principal razón que ha venido impidiendo un desarrollo único de esta disciplina, dando lugar a la aparición de numerosas teorías de la personalidad que se han atribuido la “verdadera” teoría de la personalidad. El estudio de la personalidad orientado hacia lo práctico con el fin de aportar  soluciones a problemas reales y vividos por la sociedad, es el centro del que parten todos los demás estudios especializados y solamente conectando con este centro progresarán.

 

En los últimos años muchos psicólogos de la personalidad coinciden en señalar que la mayor parte de las diferencias en las características de personalidad entre individuos, pueden resumirse utilizando cinco grandes rasgos de personalidad que se denominan con el acrónimo ARENA (amabilidad, responsabilidad, extraversión, neuroticismo y apertura a la experiencia). Las personas amables son aquellas que tienen conductas altruistas, son afables, bondadosas, compasivas, serviciales, atentas, etc. Las personas responsables son aquellas trabajadoras, autocontroladas, puntuales, fiables, ambiciosas, perseverantes, etc. Las personas extrovertidas son aquellas optimistas, sociables, enérgicas, entusiastas, habladoras y divertidas. Las personas neuróticas son aquellas inestables emocionalmente, hostiles, poco realistas, propensas emociones fuertes negativas. Las personas abiertas a la experiencia son curiosas con las nuevas ideas y valores, e imaginativas.

 

Los factores que determinan el desarrollo de la personalidad son: la maduración y la experiencia. La maduración del individuo como proceso autónomo de diferenciación por el que el sujeto se desarrolla a lo largo del tiempo, apoyado en su temperamento (forma de reaccionar que tiene cada uno ante determinada situación) y carácter (forma de ser de cada uno), creando el “self” (uno mismo) que es el inconsciente que garantiza la salud mental del individuo, y las experiencias, situaciones a las que se enfrenta el individuo a lo largo de la vida interactuando y adaptándose al ambiente, ya que la persona es producto de su ambiente en el sentido que los rasgos, sentimientos, actitudes y motivos, son aprendidos.

 

            Como conclusión, voy a hacer un símil: la personalidad es el jarrón que el alfarero modela con el torno, añadiendo o quitando barro y modelando sus curvas. La materia prima, o sea, el barro sería la genética, lo que traemos; el agua y el torno sería el ambiente, y el alfarero sería “el yo” de cada individuo que modela y decora el jarrón utilizando el ambiente y destrezas a su juicio. La obra de arte podrá ser observada, los visitantes podrán analizarla en profundidad si entienden de arte, saben las técnicas que se utilizan para el modelado, conocen al autor y el contexto en el que se desarrolla dicha obra, solamente así darán sentido y averiguarán el valor único de ésta. Trasladándolo al campo del ser humano, estos visitantes serían los psicólogos de la personalidad.

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