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Currículo educativo

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En esta reflexión, ofreceremos un punto de vista sobre el cambio en la educación que se debe llevar a cabo a partir de una correcta concepción del currículo.

 

Son necesarias instituciones educativas para adquirir conocimientos específicos impartidos por especialistas en la materia que puedan centrarse más en el proceso de aprendizaje que en el de enseñanza, dado que no todo se puede aprender en la familia y en la calle. La familia, primer contexto de desarrollo del niño, y la escuela, que hoy ocupa un ámbito importante donde se dan la mayor parte de los aprendizajes, garantiza la transmisión de conocimientos y habilidades culturales que determinan nuestro grupo social, ofreciendo una copia de la realidad. Aunque no es tan importante lo que se aprende, pues los conocimientos que puedan ser relevantes no podrán ser adquiridos en el tiempo que estén escolarizados dada la gran cantidad de contenidos existentes, sino que será más relevante la forma de aprenderlo, de buscar la información, de seleccionarla y de ser crítico con ella; aquí el maestro juega un papel esencial ya que tiene que averiguar cómo enseñar y estimular la estrategia de aprender a aprender del alumno. Con esto se pretende decir que no es tan importante el contenido como meta u objetivo final, sino como un medio que permita llevar a cabo un aprendizaje.

La capacidad de aprender esta hecha de una actividad permanente y nunca de una  aceptación pasiva de los conocimientos, lo importante es enseñar a aprender y reflexionar sobre los que se sabe. Se trata de aprender a construir, para no tener que limitarse a reproducir conocimientos de otros, con el fin de capacitarles para decidir en cada situación que tengan que enfrentarse. Este constructivismo potencia el “saber hacer” (contenido procedimental), que indica la correcta interiorización del conocimiento, creando así seres reflexivos que saben lo que hacen. Si se sigue esta metodología, el maestro no jugará el papel de monopolio sino que los aprendices producirán su propio conocimiento (el ideal de la enseñanza), de tal forma que los alumnos alcancen un juicio sensato, llegando a confiar en sí mismos y motivándose para seguir aprendiendo.

Esto supone romper con todo lo que hasta entonces se ha venido haciendo, obligando al alumno a conocer el valor de lo aprendido, su utilidad y haciéndolo palpable. Aquí es donde entra en juego el currículo como herramienta de trabajo para los profesores, respondiendo no sólo a lo material sino también al qué, cómo y por qué enseñar. El dar respuesta al qué debe enseñarse es dar respuesta a los contenidos, buscar la eficacia. En el cómo el centro de interés es la ordenación de las experiencias a las que vamos a someter al alumno para que se dé el aprendizaje. El por qué o para qué, se centra en el fin para el que se enseña, es decir, qué tiene de bueno ese contenido para que se tenga que aprender.

Por ello el currículo responde como herramientas y soluciones a problemas. Se plantea como solución, aunque provisional y discutible, a un problema educativo con el fin de mejorar la calidad del aprendizaje y de la enseñanza. Debe proponer lo que los estudiantes deben aprender. El alumno es el elemento principal, fijándose en unos objetivos mínimos y asegurándonos de su aprendizaje. Pero para emplear esta herramienta no basta sólo con saber qué hay que hacer y cómo se hace, sino también entender lo que se hace y reconducir la práctica y no cambiar sin más de método. No es una herramienta definitiva para solucionar un problema y a la que hay que obedecer, sino de la que hay que aprender. En este sentido se exige al alumnado que sea reflexivo con lo que aprende pero también se debe exigir que el maestro lo sea con la práctica que lleva a cabo.

 

 

Actualmente el currículo es cerrado, basado en libros de texto y en un conocimiento memorístico, no significativo, sustentado en prácticas de reproducción y no producción diciendo lo que hay que hacer. Está centrado en la sociedad sin tener en cuenta a los alumnos. No debería partir del grupo-clase, sino de los alumnos dada su heterogeneidad pero teniendo en cuenta el contexto en el que se encuentran, centrado en los intereses y experiencias de los alumnos por encima de las asignaturas, lógicamente sin olvidar los contenidos.

 

El currículo es un papel vivo que hay que darle validez, llevarlo a la práctica y actualizarlo constantemente. Esto se ve impedido por: la falta de de mentalidad por parte del profesorado, la obligatoriedad por parte del Estado y la poca incentivación para el profesor con el fin de crear ellos mismos el currículo. Por esto, cada vez se delega más en las editoriales para que creen este tipo de herramientas, que rompen los vacíos curriculares en el sistema educativo, pero fomentan maestros dependientes del mercado.

 

 

En resumen, un currículo malo en manos de un buen docente llevará a un buen proceso de enseñanza-aprendizaje, pero un currículo bueno en manos de un mal docente no llevará a ninguna parte, es decir, que no existen currículos malos o buenos, sino maestros buenos o malos. El objetivo del currículo no consiste en orientar su práctica hacia los objetivos que debe cumplir el alumno sino en principios para el docente para llevar a cabo una buena enseñanza. Debe servir para tener una visión de la cultura que se da en las escuelas, de lo oculto y lo manifiesto, y teniendo en cuenta las condiciones en que se desarrolla, valorando el conocimiento experiencial de alumnos para reconstruir su conocimiento, consensuando contenidos comunes basados en la realidad y considerando la dimensión de la equidad y radicalizar la democracia con el fin de respetar la diversidad cultural.

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