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El rincón de pensar

De los contextos a la educación para la ciudadanía

De los contextos a la educación para la ciudadanía

“En la medida en que el sujeto distingue a los demás como algo diferente de su  yo, se va individualizando como una unidad entre los demás, será en esa experiencia, cuando adquiera conciencia de sí mismo” (A. Gervilla, 2006). Esta frase lleva implícito la necesidad de socialización que tiene el ser humano, ya que los más jóvenes necesitan socializarse para poder integrarse en la sociedad y la sociedad necesita perpetuar la socialización a lo largo del tiempo. Bronfenbrenner concibe esta socialización como un proceso de interacción entre el niño y su entorno, en diferentes contextos como factores de desarrollo donde sus características tienen importancia en cuanto al modo en que las personas de ese ambiente perciben los contextos. Hablamos de contextos porque no existe un único contexto donde el individuo se desarrolle y acomode, además es un compendio de diferentes ambientes que permitirá al individuo integrarse en el máximo contexto que engloba a los más pequeños y que tienen influencia en cada uno de nosotros como son la familia, escuela, etc. Este máximo contexto es la cultura, enmarcada en una época concreta.

 

La educación tiene un marcado carácter social generando valores que facilitan la integración del nuevo miembro y las relaciones con los demás. El proceso educativo se desarrolla en un contexto social, siendo dos de los principales agentes socializadores que intervienen en la primera infancia: la familia y la escuela.

La escuela ante todo debe educar para la vida, pues es un principio moral universal, que supone facilitar al alumno los instrumentos necesarios para que sea capaz de respetarse a sí mismo y a los demás. En este respeto entra en juego la resolución de conflictos y tema hoy en día muy tratado por la publicidad que se ha hecho de él en los medios de comunicación. Pero antes de dar algunas soluciones es importante definir maltrato, para ello emplearemos la definición de Farrington (1993) “maltrato es la opresión reiterada, tanto psicológica como física hacia una persona con poco poder, por otra con mayor poder”. Los tipos o formas que existen son:

-         Maltrato físico.

-         Exclusión social: ignorar y no dejar participar a alguien.

-         Maltrato verbal: motes, hablar mal de alguien, insultar…

-         Maltrato físico indirecto: esconder, romper o robar algo.

-         Amenazas.

-         Acoso sexual.

-         Etc.

 

Existen niños que sufren situaciones que lejos de favorecer su desarrollo, lo deterioran y que pueden ir favoreciendo conductas propias de la marginación social. Las peores respuestas ante estos problemas son: no hacer nada; no diferenciar entre tipos de conflictos; reconocer el maltrato sólo cuando adopta formas aparentemente graves.

Por eso es importante detectar estas situaciones de riesgo de forma inmediata con el fin de restablecer el equilibrio o evitar que el niño sufra durante un periodo de tiempo prolongado un daño físico o emocional irreparable. En este sentido la escuela es un observatorio privilegiado donde detectar algunos problemas y para ello nos serviremos de estrategias a ser posible que no sean punitivas pues implican que los alumnos vuelvan a repetir determinadas conductas. Más oportuno es la educación en valores, lo que implica que el adulto sea el modelo a seguir del niño donde se le respete, se saque lo mejor del niño para que aprenda a respetar y piense acerca de las conductas que no favorecen las interrelaciones. Para conseguir esto es necesario una formación permanente y continua de agentes promotores de la instrucción (personal docente) y favorecer la implicación de la familia, y sobre todo, de los propios alumnos para posibilitar la adquisición de resolución de conflictos que completen la función desempeñada por los docentes, dotando a los equipos de orientación psicopedagogía de competencias básicas que les permita abordar estos aspectos.

 

¿La educación para la ciudadanía ayudaría a disminuir los conflictos en las aulas? ¿Cuál ha sido la necesidad para que el gobierno haya sacado esta ley? ¿Están los profesores preparados para impartir esta asignatura? ¿Impartirla o no impartirla? ¿Realmente predicamos siempre con el ejemplo? ¿Coordinación familia-escuela? Hasta ahora, se habla de la asignatura por las polémicas que han girado en torno a ella. Para empezar a responder a estas preguntas hay que señalar que la educación nos compete a todos y debemos empezar por saber ¿qué implicaría ser buen ciudadano? Ser decente y confiable, capaz de razonar, tenga sentido común y criterios sustentados en valores, ideas, creencias y principios. No sólo es un contenido conceptual basado en el respeto a la diversidad sexual, cultural, moral y religiosa de todos los alumnos como elementos de una educación cívica, sino también hay que llevarlo a la práctica desde la más tierna infancia pues es la única forma de interiorizarlo y no olvidarlo. Lo importante, es que hagamos a los alumnos pensar y reflexionar sobre lo que es ser un buen ciudadano, para que cuando estén preparados se formen a sí mismos con criterio.

 

Es importante la educación para la ciudadanía porque enseña a conocer, a ser, a hacer, a convivir (los cuatro pilares de la educación según el informe de Delorss), y plantea que la sociedad es el motor para poder definir la identidad de cada individuo en su vida y dentro de una comunidad como miembro activo y participativo de la misma, al ser de ayuda para el desarrollo integral del individuo sirviendo como modelo para alcanzar una máxima integración en una comunidad.

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